He escuchado muchas veces decir a grandes escritores, y a otros que intentaron serlo y no fueron atendidos, que cuando les viene la inspiración en cualquier parte, necesitan escribirlo para no olvidarse. Es por esta razón que llevan consigo un cuaderno, anotador, y hoy los más modernos, usan el celular.
Sin querer tener grandes delirios de escritora, me pasa que cuando me viene la inspiración estoy en lugares insólitos o momentos inoportunamente ridículos o incómodos. Lejos de hacer caso a esas sugerencias, el cuaderno que llevo siempre conmigo está lleno de notas que hago en lugares cómodos, como en mi casa, un break en el trabajo, o un bar. Pero la inspiración que me llega cuando estoy en el baño, haciendo Tai Chi (justo cuando abrazo el árbol o estoy empujando bolas de energía sobre la corriente de un río, o cuando acaricio la cola del ave...), cuando estoy siendo aplastada entre de dos señores altos y morrudos en el Subte, o mientras cruzo la Av. 9 De Julio en hora pico; no puede ser anotada. Con lo cual, debo usar mecanismos diversos para retenerlas en mi memoria.
Estos mecanismos pueden ser desde tocarme la oreja izquierda con el pulgar derecho hasta imaginarme que un rinoceronte se sienta sobre un papel en el está escrita mi idea. Cosas así de delirantes pueden funcionar para que luego, cuando me toque la oreja izquierda con el pulgar derecho, me acuerde de mi idea inspiradora; lo mismo si veo en mi cabeza el culo del rinoceronte sentándose en el papel en el que escribí mi idea inspiradora.
Ahora, sin intentar adivinar la clase de patología que deben estar diagnosticándome al leer esto, y créanme, no han visto nada; lo que se me hace realmente difícil es que, cuando me siento a escribir (cabe aclarar que no son escritos que publico... aún) no puedo evitar repasar todos mis "conectores" de ideas, y de repente me veo en una situación insostenible, que bien podría ser una escena de los tres chiflados sin los tres chiflados, es decir, con una chiflada es suficiente.
El pulgar derecho en oreja izquierda, culo rinoceronte aplastando papel, índice izquierdo con rodilla derecha, "escobilla" hacia la izquierda (una especie de zapateo flamenco), subiendo hombros al estilo de "qué me importa" para posibles ideas transgresoras, montoncito (juntar hacia al centro de la palma de la mano las yemas de los cinco dedos, y luego apuntar al techo subiendo y bajando a modo de pregunta, pero con ademán burlón y fastidioso. Puede ir acompañado del ceño fruncido para darle énfasis) al estilo "y esta idiotez que se me acaba de ocurrir dónde la meto", rascada de nariz... y muchas y diversas formas que hacen que una pueda asociar ideas e imágenes con la ilusión de que en algún momento se conviertan en historias.
Ah, pero no hay como las señas del truco (un juego de cartas al estilo del pócker, pero más coloquial, más argento), son mis preferidas: el dos (beso al aire) cuando es una idea romántica, el tres (morderse suavemente el labio inferior) si es una idea sexy, los sietes son para las ideas vergonzosas (como cuando uno se manda alguna pavada y piensa: ¡Ups!; es un gesto con los labios, hacia un lado o hacia al otro), los tantos (arrugar la nariz) para ideas que no me gustan tanto, el ancho de espadas (levantada de cejas) para ideas tentadoras... Y el ancho de basto no lo hago, porque no me puedo guiñar el ojo yo sola, ya sería mucho... sí, incluso después de todo esto, sí, sería mucho.
Definitivamente, estos quizás sean recursos demasiado delirantes para una mente sana, pero lo hago yo, no sé si me explico...
Lo importante es que ayudan a mi memoria, que está poco acostumbrada a recopilar datos relevantes, como por ejemplo:
Las fechas, los nombres de las personas que conozco hace poco tiempo, las calles (aunque esto tiene que ver con un claro y nulo sentido de la orientación), los vencimientos de las facturas, etcétera.
Puedo enumerar un sinfín de problemas diversos que me ha traído la falta de memoria, y más aún, mi falta de atención.
Aunque para ser justa, la falta de atención creo que es más grave que mi falta de memoria. Uff, vaya si lo es.
Creo que les sería más interesante a ustedes (y mucho más vergonzoso a mí claro) si hablara de las situaciones extremas a las que me ha llevado mi falta de mi atención... ¿Lo hago?
Creo que lo voy a hacer en honor a mi naturaleza culposa, por no haber contado en este blog más que pensamientos sutiles o anécdotas ajenas, o biografías familiares; y por haberlos sometido a un rosario de devaneos espirituales.
Una vez que me quedé dormida en un micro que iba desde Berazategui (zona sur de Buenos Aires) hasta Correo Central (Luna Park, calle corrientes de la CABA Ciudad Autónoma de Buenos Aires) algo así como unos 37 km, por autopista. Ustedes dirán ¡Eso no es grave! Claro, el tema es que me quedé tan dormida, que fui y volví dos veces, el chofer cambió de turno, los pasajeros se fueron renovando, hice una parte del trayecto con el micro fuera de línea, finalmente cuando volvía por segunda vez el Chofer se dio cuenta que había quedado alguien, porque frenó de golpe y se me cayó el gas pimienta que tenía en la mano, eso hizo ruido... y me vino a despertar (los asientos son como los de los micros de larga distancia, y yo estaba sentada en uno muy al fondo, no se ve por el espejo retrovisor). No les puedo explicar lo que se rió ese hombre, después de asustarse claro, mientras me contaba todo lo que había pasado durante mi sueño profundo. Y no les puedo explicar la vergüenza que yo sentí.
Luego están las caídas y los golpes producto de la falta de atención:
Cuando era adolescente, estaba en el bar de un vecino tomando un coca mientras esperaba que me pasara a buscar mi Jefe con todos mis compañeros de RRPP (sí, también hice eso, repartía tarjetas para un boliche que por suerte ya no existe). Cuando veo que se están acercando a la esquina, me dirijo con toda seguridad a la puerta y... ¡Pum! No pude llegar más lejos, el vidrio me detuvo... es que estaba muy limpio y no lo vi. Por supuesto, no salí a ningún lado, y mi vecino descostillado de risa me dio otra coca bien fría, pero esta vez para que me ponga sobre el chichón que tenía en la frente.
Me caí sobre la calle Corrientes, de panza, quedé acostada sobre el asfalto. Se me había salido el zapato y eso hizo que tropezara y cayera. Todos los artículos de mi cartera se esparcieron en la longitud de cemento, y mi zapato estaba casi debajo de un auto. Bocinazos, insultos y risas, hasta que yo terminara de juntar mis cosas, entre ellas mi dignidad, y llegara al otro lado de la calle.
Me caí mientras un hombre me llevaba de la mano a tomar un helado, porque yo estaba sobre unas plataformas que no dominaba demasiado bien, y la vereda estaba mojada... bueno, algo tengo que excusar. No sólo fue vergüenza lo que sentí, fue odio. Pero lo disimulé. Él fue muy caballero, aunque ni quiero intentar imaginar lo que habrá pensado... lo peor, es que no fue hace mucho.
He perdido la bufanda roja que me regaló mi abuela hace diez años, y cien pesos; e intenté pasar por el molinete de la entrada a mi trabajo con la tarjeta SUBE (incluso me enojé con la mujer de seguridad, le dije: "Esta porquería siempre se traba"... me miró muy mal cuando vio que era la tarjeta SUBE la que tenía en la mano), TODO en un mismo día y en menos de media hora.
Sólo por darles el gusto, ya me humillé suficiente. Ahora redondeo el tema inicial, que era la inspiración y mis recursos para recordarla, y me voy.
La inspiración también puede venir de temas ridículos como estos. Así que, gracias a este post, conseguí varias cosas. Pude darme cuenta que a pesar de mi falta de atención, puedo reírme de mí misma, puedo quererme, y tal vez, sólo un poco, dejar de ser criticona conmigo. Pude darme cuenta, que a veces puedo escribir cualquier cosa sin saber demasiado qué es lo que voy decir, y hacerlo sin parar. Pude levantar mi ánimo un día como hoy, en el que estoy (un día muy femenino) molesta.
Pude dejar de comer mientras escribía.
Me dí cuenta que mi compañía a veces es todo lo que necesito.
Y me dí cuenta también, que imaginarme una sola sonrisa de ustedes al leer esto, o una lágrima al leer algún otro poste, o un sentimiento de identificación con alguna frase, me hace muy muy feliz.
Gracias a todos, así sean dos, los que leen este humilde espacio. Gracias. Gracias. Gracias... Seré distraída, pero soy agradecida.
El concepto “Intensidad” se puede definir básicamente como el grado de potencia, poder, energía o fuerza con que se manifiesta un fenómeno físico, un agente natural, una magnitud, cualidad, etc. De tal forma la intensidad es un término que sirve para cuantificar un determinado fenómeno físico y graduar el grado de potencia, poder, energía o fuerza con que actúa la cualidad propia que este fenómeno posee.
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A ver si un día leemos esos escritos que están anotados en algún lugar... yo mientras tomo nota y en vez de escribir mis posts en mi cabeza 4 veces antes de volcarlos al blog me tocaré un poco la oreja a ver si así los memorizo. ¡Saludos desde Estonia!
ResponderEliminar¡Ignacio! Gracias por comentar.
ResponderEliminarTal vez algún día me anime a publicar esas historias, están muy inmaduras aún. Como en tus posts, esas las hago más de cuatro veces en mi cabeza.
Los métodos son poco ortodoxos, pero ¡funcionan! Besos.