martes, 19 de noviembre de 2013

La Rueda que rueda.

Rueda la rueda que sigue girando y no se detiene. Este vértigo que es vivir, incluso cuando parece nada mover, da vueltas a mi alrededor.
Algunas veces tanto movimiento loco me hace perder el equilibrio... ¿Si es que lo encontré? o por lo menos se interrumpe mi propia paz, ganada con esfuerzo y testarudez. Otras veces, es el mismo movimiento que me impulsa a encontrar la quietud del alma. Esa quietud activa, que roza lo divino, que tiene el dulce cantar de un ro - ro que endulza mi mente abarrotada, alborotada, alocada, atiborrada y avezada herramienta de elucubraciones.


La rueda que rueda que hace que dé mil vueltas y siga girando. Algunas veces me marea, me dan náuseas y vomito. Para luego darme cuenta que debo liberar aquello que tengo dentro, alivianarme, limpiarme y seguir girando con más destreza.


El Universo es mi rodado, o mi rodado es este planeta Tierra. O quizás mi rodado sea mi cabeza, y mi cuerpo como vehículo circunstancial intenta adecuarse a las órdenes de quien manda, quien mueve, quien para y sigue. Sí, tal vez sí, mi rodado es mi mente, mi cabeza que la contiene. Ella es la conductora más entrenada para mi cuerpo. Aunque muy pocas veces se distrae, es por un dulce canto que lo hace... como quien escucha música clásica en el auto. Es mi alma alzando la voz para ser escuchada quien conduce esta vez, cansada de ser ignorada, harta de que su voz sea tapada por los gritos de mi revolución sináptica.


Cuando todo gira con la rueda que rueda al compás del canto de mi alma, todo gira mejor.


domingo, 11 de agosto de 2013

Respuestas que no se ven, se sienten.

Cada vez que hablo con fervor, pasión y convicción de algo en lo que creo, en lo que estoy realmente comprometida; debería acordarme de Sócrates cuando dijo: "sólo sé que no sé nada".

Cada vez que me hundo en las más miserables dudas existenciales de mi propia vida, buscando una respuesta certera de algún "no sé qué"; debería acordarme de Descartes y la Duda como Movimiento Universal. Cogito Ergo Sum, realmente pienso y luego existo... ¿Sí?

Incluso cuando producto de lo que pienso tomo decisiones devastadoras o al contrario, decisiones magníficas pero con consecuencias drásticas, o cuando mi karma se precipita y los acontecimientos que me depara el destino son ineludibles y terribles desde mi propia perspectiva (falsa o real); sería importante que me acuerde de Buda y su "El dolor es inevitable, el sufrimiento optativo".

Cada vez que me encuentro entre dos caminos, uno llevado por la inercia y el falso sentido común de lo que se debe o no hacer, el otro por aquello que dicta la más profunda intuición y a sabiendas de ello la ignoro completamente; debería tener presente a Platón y su teoría sobre el dualismo entre el mundo sensible e inteligible.

El deseo más profundo, incluso aquel que se disfraza de negación, ese apego adictivo que solemos tener a lo que anhelamos tanto como a lo que nos paraliza de miedo, no es otra prueba de lo que ya dijo Helena Petrovna Blavatsky y que debería tener presente en esos momentos de sobredosis sináptica y circular: "La mente, es la gran destructora de lo Real".

Teniendo tantas respuestas y soluciones, sigue siendo enormemente difícil hacerse cargo de ellas y ponerlas en práctica ante la estupidez humana de la que soy presa. Pero si en este instante puedo acordarme de ello, quizás, y sólo quizás, quiera decir que no todo está perdido. Y que aún tengo otra oportunidad de empezar a Ver con mi corazón más seguido de lo que veo con mis ojos.

Son respuestas que no se ven aunque siempre se sienten, pero la Ilusión es tan seductora y poderosa que los ojos se adelantan, por ansiosos, al corazón que todo lo sabe y con paciencia espera su momento de actuar.





sábado, 27 de abril de 2013

Una Sonrisa con nombre: se llamaba Charles Chaplin

La puerta desvencijada de una casa como las otras, con otras puertas desvencijadas, que se distinguen unas de otras solo por los resabios del color que las inauguró. La tarde nostálgica, con un sol que se esconde allí donde termina la callecita empedrada. En el escalón del portal vetusto, sentado él. Con sus pantalones anchos, sostenidos por tiradores. Sus zapatos exagerados, su camisa blanca llena de viajes y aventuras. Ese sombrero en forma de hongo que cubren tupidos rizos, lo acompaña invariablemente en sus momentos de contemplación, de alegría, de pasión, desesperanza y lucha.

Sus cejas siempre altas y bien delineadas, enmarcan unos ojos claros que se sorprenden a cada paso. Como si todo aquello que ven, lo vieran por primera vez. Aunque sea la misma cosa de todos los días. De bigote corto, angosto e inquieto. De sonrisa amplia y tristeza generosa. De amor indestructible hacia todo lo que ve y toca. De acero y de agua cuando hace falta. Un caminar rítmico, balanceándose a un lado y al otro, casi como pingüino. Así, Charles Chaplin le mostró al mundo que la vida se vive como en un escenario. 

El talento para el arte siempre fue evidente, nadie lo discute. Actor, director y escritor. Pero algo lo distinguía del resto, y era la capacidad de transmitir su esencia. En un primer plano a su rostro triste, uno se descubre llorando. O viendo cómo le arrancan a "El chico" de los brazos por ser pobre, uno puede sentir el amor y la desesperación de tal injusticia. Y cuando sonríe, la oscuridad ya no es cruel, la luz se hace clara y la vida está llena de esperanza y fe.

El hacía que la gente tuviera esperanza y fe. El, invitaba a vivir la vida intensamente. Un hombre inteligente que ha sabido captar no sólo la atención de grandes políticos y empresarios, sino que ha sabido ganarse el corazón de todo aquél que lo supiera ver. 

Valiente, transgresor para su época. Un luchador incansable en busca de la verdad. Un mago de los sentimientos. Un artista con ángel, que hacía del detalle un gran momento de eternidad. 

Y en definitiva, es cierto ¿No? 
La vida es una obra de teatro que no permite ensayos.

"Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.¡Sonríe! Pero no te escondas detrás de esa sonrisa, muestra aquello que eres, sin miedo, existen personas que sueñan con tu sonrisa, así como yo"


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Así como él, así como yo, así como vos. Una sonrisa con nombre, se llamaba Charles Chaplin. 

viernes, 29 de marzo de 2013

La vida es ritmo, y a mí me encanta bailar.

Sonaba "Humility" de Wim Mertens en mis oídos, el sonido del piano actuaba en mi corazón como un interruptor, que cuando se manipula, se enciende la luz.

En este caso, lo que se encendían eran mis pensamientos, mis emociones...

La ventanilla un tanto abierta dejaba pasar el aire que impactaba sobre mi rostro. Veía como quedaban atrás, a mi paso; miles de historias cortas.

Un hombre que estaba parado en una esquina, esperando que corte el semáforo para poder cruzar, se restregaba los ojos como queriendo sacudirse la modorra.
Un grupo de amigos que transportaban instrumentos miraban al que seguramente era el más chico y gracioso de ellos, que jugaba con dos palitos haciendo música en el aire... probablemente consciente de que en sus manos está el poder de la risa y la alegria de vivir.
Una mujer que sacudía el brazo de su hijo para implorarle que se portara bien, tal vez un poco cansada de que nadie le haga caso a pesar de sus esfuerzos.
Una bella joven, que mientras esperaba un colectivo, aprovechaba para corregir su maquillaje quizás admirando su belleza, quizás pensando en la noche que le esperaría, quizás pensando en agradarle al amor de su vida.
Un perro descansaba cerca de un basural, con una mirada sabia hacia el horizonte, y una tristeza crónica producto de la indiferencia humana.
Un señor que estaba a punto de bajar la persiana de su librería. Seguramente el negocio de toda su vida... Casi que tuve envidia, pensando en despertar cada mañana con ese olor a papel y tinta, vender letras y estar todos los días rodeada de ellas...

Recuerdo mi adolescencia, cuando me decían que era una soñadora. Que no tenía los pies sobre la tierra, que prestara atención porque me llevaba cosas por delante, por estar "paveando". Cuando me consumía la impotencia de no saber a dónde ir, cuando pensaba que el mundo estaba patas para arriba, cuando creía que nadie me entendía. Cuando quería salvar al mundo con una sonrisa como única arma. Cuando esperaba a cada esquina la oportunidad de salir volando por los aires. Cuando mi vida era un mundo de historias leídas, vividas, actuadas y personificadas. Cada día, una nueva oportunidad para soñar con una realidad distinta a la que estaba en curso. Recuerdo que me decían: "cuando crezcas verás que la vida no se trata de soñar, hay que arremangarse y hacerse cargo de ella. Hay que trabajar, hay que estudiar cosas productivas para poder progresar, tener dinero te hará ser una mujer independiente. Ahora creés que sos incomprendida, que el mundo está en tu contra y que nadie te entiende. Te creés que sos capaz de cualquier cosa y te la pasás soñando... ya aprenderás que no es así; sólo serás una mujer más que luche por sobrevivir".

Me parecía terrible en ese momento. Me parece terrible ahora. Me parecerá terrible siempre.

Justo ahora suenan unas campanas (lo juro, es literal)... ¿llamando a misa por víspera de pascuas quizás? No lo sé. Pero pienso, que ese "talán" de las campanas es como salir del tiempo y volver a aquellos en los que siempre me sentí más acorde. Al papel y a la tinta, en vez de la notebook. A la ropa cosida a mano, en vez de la producida en serie por máquinas industriales. A los caballos en vez de autos o colectivos. A las cartas, en vez de teléfonos o mails.

Justo ahora, pienso que no cambié de parecer en cuanto a querer salvar el mundo con una sonrisa. Que no cambiaron mis ganas de volar, ni mi gusto por la gente. Que sigo amando el olor de los libros, que sigo amando sentarme a soñar y a inventar las historias que tendrán cada una de las personas con las que me cruzo. Sigo amando la vida como cuando era adolescente. Sigo creyendo que una sonrisa es capáz de darle el valor a cualquier cobarde de querer ser protagonista de su propia historia, de su propia vida.

Sigo... soñando despierta cuando viajo en colectivo mientras miro por la ventanilla el mundo que acontece, mientras suena en mis oídos el pianito lindo y escucho el golpeteo de mi corazón desbocado que me pide con firmeza que siga este camino que elegí.
El camino del que sueña, y del que actúa para ello. El camino de la Verdad, ese que a cada instante te da la respuesta de cómo seguir. El camino que te abraza y que te pone al maestro que te da la palmadita en la espalda cuando vas derecho, o te empuja de nuevo al centro cuando te estás saliendo de él.

El camino de la belleza, de la justicia, de la bondad, del sentimiento, de la pasión, del valor, de la ética, de la moral. Saber que puede haber piedras que tengan nombres como: equivocación, egoísmo, exceso, maldad, avaricia, violencia, cobardía, miedo, intolerancia, cansancio, pereza, desesperanza... entre muchas otras. Pero también saber, que son piedras que se pueden correr para seguir adelante.


Sigo creyendo en un mundo mejor. Creo en lo que veo y en lo que siento. En las miradas profundas y llenas de interrogantes, en las miradas cansadas y llenas de esperanzas. En las manos curtidas por el trabajo, en los corazones intensos y cargados de experiencia. En la torpeza del que aprende a caminar por este suelo. En la inmaculada inocencia de los niños. Creo en los buenos gestos, en los actos. En que aunque breves, el más escéptico de los mortales puede preguntarse quién es o a hacia dónde ir. Eso, ya lo hace creyente.

Creo. De creación y de Fe... y quiero invitar a que crean.


Mirar por la ventanilla al mundo, luego bajarse y ser parte de él. Es parar para contemplar, marcar el campo de acción mentalmente, y luego bajar y seguir el ritmo del corazón... bailar.

La vida es ritmo, y a mí me encanta bailar.

martes, 19 de marzo de 2013

De la forma las palabras; del fondo, el corazón.

Tienen más ribetes, combinaciones y entonaciones posibles, de las que somos capaces de apreciar.

De sentimientos, de locura, de pasión, de odio y violencia. De aliento y sabiduría. Algunas musicales, otras ásperas y difíciles de digerir. Aquellas que son oportunas... las que no lo son. Las cordiales y las cortantes. Las que iluminan y las que oscurecen. Las habladas, las escritas, las mudas, en señas, en braille o en código.

Todas ellas, en todas sus formas. Las que generan una sonrisa, una lágrima de emoción, un sentimiento noble, o las que se hacen canción. En prosa... o desordenadas.

La capacidad de transmitir, de embellecer, de aclarar, confundir y desorientar. De enseñar y de aprender.

Son las palabras.

Hermosas, intensas, vacías, cargadas... Perfectas amigas inseparables, que ponen luz a nuestros pensamientos. Aunque infinitas y limitadas al mismo tiempo; no siempre las encontramos y algunas veces nos sobran. El desafío es acercarlas a nuestra esencia a cada instante. Hacerlas nuestras, para poder compartirlas.


Saberlas decir, saberlas sentir, saberlas amar; es comprender la substancia y el potencial que hay en ellas. Tal vez, sólo sea cuestión de estar atentos a la motivación con las que se las utiliza, para que sean mayormente buenas, cada vez más justas, y en lo posible, siempre bellas.

De la forma las palabras; del fondo, el corazón.