En ese punto cuando las sutilezas de las reflexiones más íntimas son inconfesables, y no por prohibidas, sino por profundas; esas que vienen directo desde lo más adentro. Cuando las emociones terrenales se mezclan con la Verdad. Esa certeza de lo real y lo presente, que frecuentemente no se corresponden.
Cómo hay que hacer cuando lo que se quiere es totalmente distinto de lo que realmente se necesita, y peor, cómo, cuando se es consciente de ello. Es decir, generalmente nos regimos por lo que queremos, y lo confundimos creyendo necesitarlo... es tan difícil volver a pensar de la misma manera que cuando se estaba dormido.
Una se acostumbra a ese sueño seductor, a ese perfume de los sentimientos, a ese aparente alivio de darle rienda suelta a los devaneos de la razón, sin embargo, cuando se empieza a salir de ese tan conveniente aletargamiento, que no por aletargado es quieto; detectar lo efímero de lo trascendente es doloroso. Se siente como una pérdida.
Tal vez hoy, lo más inteligente que puedo reconocer en mí, es la sensación de pérdida, algo así como un duelo. Estoy en el funeral de mi ignorancia, y en el bautismo de mi Verdadero Yo.
Probablemente, algunos de ustedes (en el fondo me alegraría la posibilidad de que sea más de uno el que lo lea) cuando lea esto, no entienda lo que quiero decir, u otros sepan a dónde quiero llegar, y crean poder explicarlo mejor, en cualquier caso, hoy soy libre de que no me importe si entienden o que piensen en mí como una desequilibrada. Hoy soy libre del dedo censor, y presa de mi Voluntad del deber. Ya no puedo evadir la claridad de saber qué tengo que hacer, independientemente de lo que quiero; y eso por sí mismo, es un duelo.
Dejo ir el mimo, el permiso, la palmadita en la espalda, la guiñada de ojo que me solía hacer cuando justificaba el haber tomado una mala decisión; para darle la bienvenida a la amarga pero necesaria responsabilidad de cumplir con mi propia misión, con mi Voluntad más absoluta, esa que me conecta con lo Real.
Aunque esa otra yo más animal, la que pelea, la que se enoja, siente celos o pereza, la que desea continuamente ser estimulada, la más vieja, la territorial; todavía patalee cuando ya no le hago caso, de a poco entiende que hay que darle lugar a mi yo más humana, la nueva, la inexperta, que ahora es la que está naciendo, la que dice, esto te sirve, esto no, esto se debe, esto no, la que ama al Todo, la servicial, la que obedece, estudia, escucha a los que saben y es humilde en su novatez, pero que aprendió a discernir con inteligencia y no con intelecto. Entonces mi animal y mi humana, juntas están aprendiendo a ser un equipo, tratan de convivir, aunque a veces las batallas las gane la que tiene más años de experiencia, hay otras que ésta pierde ante la que está aprendiendo nuevas técnicas y estrategias de "guerra".
El concepto “Intensidad” se puede definir básicamente como el grado de potencia, poder, energía o fuerza con que se manifiesta un fenómeno físico, un agente natural, una magnitud, cualidad, etc. De tal forma la intensidad es un término que sirve para cuantificar un determinado fenómeno físico y graduar el grado de potencia, poder, energía o fuerza con que actúa la cualidad propia que este fenómeno posee.
viernes, 18 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
Rituales y Ceremonias cotidianas.
Siempre me gustaron los rituales y las ceremonias, sobre todo los pequeños, a los que frecuentemente no le prestamos atención. Los hacemos, los seguimos cumpliendo sistemáticamente, pero... ¿los disfrutamos como se merecen?
Festejar un cumpleaños, comer un asado entre amigos, un buen desayuno, salir a correr, bañarse, prepararse para ir a una fiesta, jugar con un niño, conmemorar a un ser amado o a un mentor, llegar a la oficina, volver a casa, estudiar, incluso irse a dormir o despertarse cada mañana; puede que algunas de estas cosas no las tengamos en cuenta como rituales o ceremonias. Pero si lo pensamos detenidamente un rato, cada una de ellas tiene una previa preparación, sea consciente o no, la tiene.
Es hermoso cuando uno se da cuenta y disfruta de estas ceremonias. Qué lindo sería que cada mañana al levantarnos nos detuviéramos a oler el rocío secándose con los primeros rayos del Sol. O disfrutar del aroma de la leche hirviendo y el café listo, sacar los individuales y ponerlos en la mesa. Abrir la ventana, exprimir las naranjas, ponerle manteca a la tostada recién hecha y ver cómo se derrite, mojarla en el mate cocido, leer el diario, o tener el noticiero de fondo mientras planchamos la camisa o preparamos el baño.
Qué lindo es cuando llegamos a casa después de un día largo de trabajo y actividades, nos sacamos los zapatos, ponemos el agua para el mate, nos damos un baño y nos calzamos las pantuflas y el pijama, preparamos la cena, ponemos un poco de música, leemos, hacemos yoga, o simplemente vemos nuestro programa favorito, besamos a nuestro ser amado, relatamos nuestro día, o si estamos solos, nos relajamos y distendemos disfrutando del tan esperado silencio, despojado ya de bocinazos, ruido y polución. Abrir la cama, apoyar la cabeza en la almohada perfumada, apagar la luz, hacerse un ovillito, y cerrar los ojos.
Levantarse a la mañana o llegar a casa, pueden ser sólo algunas de las ceremonias que tenemos todos los días y no le prestamos atención. Aquellas costumbres y tradiciones que perduraron en el tiempo, y de las cuales no tenemos consciencia porque ya son parte de nuestra piel, las tenemos tan incorporadas, que lejos de disfrutarlas, terminan siendo un acto repetitivo e inconsciente, como los hábitos.
Hace poco, tuve la oportunidad de ser parte de una ceremonia, que me hizo acordar y valorar estas otras más pequeñas y volver a disfrutarlas como cuando era niña. En el momento en que se conmemora a cierto maestro, ser querido o evento, justo en el momento en que uno se olvida que es un cuerpo, y sólo es un espíritu que está presente, se siente algo muy difícil de describir, conmueve cada partícula de nuestro ser, se ama profundamente, se es parte de un TODO más grande que uno.
Es probable que no sea clara con lo que cuento, y no me importa demasiado serlo. Pero sí, invito a que disfrutemos más de los rituales y ceremonias cotidianas, ya que son parte de nuestras vidas, y no le prestamos la atención que se merecen. Pensar en ellas como en una tradición que venimos practicando desde hace cientos de años, les da un significado extra. Es celebrar todos los días, las enseñanzas que nos dejaron nuestros ancestros, es tener la oportunidad de elevar nuestro espíritu un poquito más, todos los días.
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