Ayer fui a visitar a mis abuelos...
Mi abuela me recibió con su delantal con florcitas rosas puesto, mi abuelo estaba afuera dándole indicaciones desde abajo al albañil que que estaba en el techo cambiando la membrana...y no lo escuchaba.
Toto (mi abuelo) tenía puesta su ropa de "trabajo" camisa y pantalón de pintar, estaban pintando puertas, ventanas, bordes, cositas, siempre pintan cositas...Pocha (mi abuela), cuando ve que Toto se fatiga, agarra el pincel y le da y le da...
La casa de mis abuelos, es un casa que habla por sí misma de sus dueños. Cuidada, meticulosa, cálida, firme, abarrotada de adornos, descombinada por momentos, pensada hasta en el más mínimo detalle.
Volviendo a la pintura...desde que tengo uso de razón, recuerdo a mi abuelo con un pincel. No, no era pintor, era inspector de SEGBA. Pero siempre fue un aficionado a la pintura con brocha gorda.
Las rejas han cambiado de color con tanta frecuencia como cambia el discurso de los políticos. Ni siquiera el "turbotronic" se salvó del beige. Mesitas, canteros, escalones, paredoncitos, armarios, todo lo que en algún momento muestre señales de uso o paso del tiempo, no importa que sea, es víctima del pincel de mi abuelo. A mi vieja aún no la pintó, por suerte.
Con Pocha, estuvimos en la cocina, charlando, como hice siempre que voy. Ella parada haciendo el mate, yo sentada en la micro-mesita que tiene al lado de la heladera. Mi abuelo cumplió años esta semana (83) y mi abuela estaba preparando un estofado, para mañana que "tienen visistas" así no tiene que levantarse temprano a cocinar, me dijo.
Pocha tiene 82 años, que si ella no te lo dice, jamás pensaría que es cierto. No tiene arrugas! y es más enérgica que cualquier mujer que haya conocido (a excepción de mi otra abuela Susana, que ya no está conmigo, y le dedicaré un post entero, porque hay cosas que no se pueden dejar de decir).
Como conté anteriormente, Pocha es profesora de Yoga, hace dígitopuntura, cose como una diseñadora profesional, y cocina como los dioses, obvio, menos las papas fritas, nunca le salieron, se le pegan.
El protagonista del día, fue "Bimbo", un perrito que adquirieron el último mes. Hacía años que no tenían perros, mi abuela porque no quería encariñarse, y limpiar pelos por toda la casa. Mi abuelo porque no, es una boludez.
Pero será que el paso del tiempo hace que el corazón se ablande, y "Bimbo" finalmente tiene un hogar...Ay, no sé por dónde empezar a contar lo que viví el día de ayer. Me hicieron reír mucho, y también me enternecieron, pero es algo que no pienso decir.
Bimbo, es un perrito petiso, color beige (sí el beige está por todos lados), con ojos grandes, glotón, demandante de afecto, y bastante callado.
Lo voy contar como me lo contó Toto; La cosa es así, este animalito era del vecino el pizzero, el gordo ese que tiene un montón de autos abandonados en el jardín? te accordás?, y tienen un montón de perros que todos duermen, abajo de esos coches. Con el friiiiio polar que ha hecho estos días, no me quiero imaginar lo que se siente! En fin, cada vez que Bimbo pasaba por la puerta y nos veía, nos gruñía, feo, no sabés que perro hijo de puta era este. Yo tuve ganas de acabar con su vida muchas veces, me decía mi abuelo. La cosa, es que la Pocha, cuando iba a hacer los mandados, se lo cruzaba y le tiraba algo de carne, pero claro!, ese perro no había visto un cacho de carne es su puta vida, se la pasaba a pizza. Vos sabés que pasaba por la puerta, de ida, nos miraba fijo y gruñía, garrrrrrr nos hacia, y cuando volvía a pasar, a la vuelta, pasaba con la misma amenaza en los ojos (juro que lo contó así, yo mientras estaba ayudándoles a pintar la puerta del living, muerta de risa y mi abuela también se reía y sebaba mate). Pero viste como es la abuela, cabeza dura. Sí, dijo Pocha, a mí no me iba a ganar. Y siempre que lo veía le daba un pedazo de carne, y le decía: "bimbito, bimbito, mení, tenesh hambre?, chucuchucu?" Y claro! ese desgraciado, se enamoró. No sé si de la carne o de la Pocha, pero se enamoró. Y así un día entró a casa, después ya tenía unos "pulovercitos" que le hizo la abuela, calentitos, de polar, y más tarde le compramos un moisés.
Sres., el perro duerme en algo muy parecido a un somier king Size, con acolchado de plumas de ganso.
Toto emocionado, me contó todo lo que vivió con el afortunado animal ese, en el último mes. Decía: el perro me sonríe, te lo juro. Se sienta arriba de mis pies, y a mí me viene bárbaro, me los calienta, que siempre los tengo fríos. Me viene a despertar a la mañana. Y viste que yo necesito a la noche levantarme quince veces para ir al baño, bueno, cuando me vuelvo a la cama, lo miro él me mira me mueve la cola, y se vuelve a acomodar, es un hijo de puta comprador ese enano.
Pocha, me contóque un día cuando volvíó de hacer las compras lo vio a mi abuelo secando al perro con un toallón nuevo, casi se muere de un infarto. Cuando le dijo: Viejo! estás loco, por qué lo bañaste con este frío...y el toallón...!!Toto: No lo bañé! cómo voy a hacer para sostenerlo, si apenas me baño yo sin ayuda? se cayó a la pileta el boludo, lo saqué a cagar, y se quedó dormido en el solcito, se ve que estaba soñando y se cayó! Exploté de risa....
La cosa es que, ese perro les alegró la vida,sus dueños osaron reclamarlo, y Bimbo casi se los devora. Nunca más volvieron. Mis abuelos, lo adoptaron con alegría y contentos de tener cerca, alguien a quien cuidar.
Ahora miran los tres juntos a Anabella Ascar, después de comer, y cuando Toto grita: La puta madre ahora los travestis venden huevos!! Bimbo, mueve la cola corta esa que tiene, y le da la pata en señal de "tenés razón, yo los cagaría mordiendo"
Animales de costumbres...
Nota: mi amiga Maga, que pidió la segunda parte. Ya te va a tocar a vos, no te relajes.
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