Es difícil reprimir los impulsos irrefrenables que tengo de irme todo el tiempo, de cambiar, de alejarme de lo que me rodea, y no porque me haga mal o sea malo, sino simplemente por no sentirme en el lugar indicado para mí. Si bien, cuento con mucha gente que me quiere, apoya y tiene grandes deseos para mí, pasan a un segundo plano lo que quieren los demás, y me llega un momento de fastidio y urgencia, en el que necesito hacer lo que realmente siento, aún sin importarme si los demás lo entienden o no.
Es algo que siempre me pasó, desde chica, creer que al momento de mi creación se habían equivocado al darme brazos en vez de alas, y no precisamente porque sea un ángel...más bien soy lo contrario, sino por la necesidad de volar que tengo todo el puto tiempo.
Lamentablemente, a veces se reduce a tener recursos para hacer lo que sentís. Son muchos los factores que tienen que darse para que eso pueda suceder, desde la gente hasta la economía, se deben contemplar un gran círculo de obstáculos. Pero igual, no me desanima, porque más tarde o más temprano lo voy a lograr, es mi meta. La libertad del alma, porque la del cuerpo y la mente ya la logré.
Necesito libertad, necesito paz, necesito disponer de mi tiempo de la manera que quiero, estoy cansada de las estructuras impuestas por aquellos que deciden vivir según lo que se supone, colectivamente, que es correcto.
Yo no soy así, no pienso igual, no me interesa ningún parámetro social implícitamente instalado.
No me corre el tiempo, no me mueve la necesidad de SER lo que se supone que tengo que ser, ya sea por edad o por género.
Quiero que me lleve el viento, quiero respirar mi propio oxígeno, no quiero más objetivos prestados, ni tengo ganas de “caretear” sentimientos o ambiciones. Quiero la ruta, quiero el amor, quiero la vida, quiero una gran y constante oportunidad de sentir intensamente. Un árbol que dé sombra en verano, y refugio en invierno, la sonrisa de un niño, las tostadas de la mañana, el olor a tierra mojada, una linda película, un kilo de helado, un mate en una plaza, un paisaje soñado, una cultura distinta, una flor, una piedra, una espina, una canción, los pies en la arena, el agua sobre la piel, la lluvia golpeteando el techo, el crepitar del fuego, las letras que forman una palabra, las palabras que forman una oración y así hasta llegar a una gran historia, que pueda ser leída, y que sobretodo, pueda ser vivida. Un viaje en tren, una caída libre, el viento sobre la cara, la danza, el reto, la velocidad, la pasión, la adrenalina, la locura, la armonía, el equilibrio, la libertad. Quiero a la niñita dulce y a la mujer arrolladora que tengo adentro, porque las dos soy yo.
Quiero la verdad de la gente, la esencia, el instinto, la inocencia, la madurez, quiero la descarnada realidad, la más sincera emoción, el más genuino sentimiento y la más profunda necesidad que la gente pueda tener y que nunca admite, que se pierda el miedo y la cobardía de afrontar la realidad, que nos demos cuenta que vivir intensamente es la forma de estar despiertos. Y despertar, es la razón que a mí me mueve a escribir esto, la hipocresía de vivir en un mundo que no está diseñado para ser uno mismo, sino para ser un incapacitado espiritual que siga el ritmo vertiginoso, indiferente y autómata que se nos impone, a través de bombardeos y premisas consumistas.
Si bien es cierto, que todo tiene que tener una estructura, un orden, tiene que haber una conducta, un límite. Las leyes y normas de convivencia están para eso. También somos seres con raciocinio, para poder discernir lo que está bien de lo que está mal … podemos darnos cuenta de cuándo lo que hacemos afecta a otro de manera irremediable, está en nosotros mismos hacerlo o no. Pero otra cosa muy distinta, es que esa estructura se lleve a lugares que no tienen que estar, como por ejemplo, la propia esencia del alma, y peor, que uno deje que eso suceda. No hay necesidad alguna de adormecerse y entregarse ante la constante seducción del sistema del que somos parte.
Espero que alguna vez dejemos esta anacronía de sentir que el tiempo que vivimos no se corresponde con el propio, para que podamos liberarnos de tanta estupidez organizada y capitalista y finalmente, podamos dedicarnos a lo realmente importante: “Vivir y dejar vivir, Ser y dejar ser, sentir y hacer lo que realmente queremos, sin necesidad de seguir a nada ni nadie que no respete los deseos más legítimos y genuinos de uno mismo. “
Vivir y sentir, libremente … solo eso, es lo que importa!!!
Nota: Me gustan los puntos suspensivos, no logro sacarme el vicio de usarlos todo el tiempo. Qué se yo, me dan la ilusión de que siempre se puede cambiar el final, agregar algo más o "decir" más allá de las palabras. Me dan la ilusión de que cada vez más gente pueda ser capáz de leer lo finito dentro de la lietralidad que pueda haber.
jeje muy bueno! me encanto. lo voy a recomendar
ResponderEliminarGracias Diego G.!! Saludos!
ResponderEliminarEn pleno siglo XXI, las personas que sienten que tienen que compartir algo con el mundo, abren un blog. Pueden contar muchas cosas, interesantes o no, divertidas o no, y que te entretengan o no. Lamentablemente la mayoría de ellos suele empezar con palabras similares y con la misma energía que una cerilla: te quema al principio pero solamente dura encendida unos segundos.
ResponderEliminarAfortunadamente, las personas que viven intensamente empiezan los blogs de forma tan original como prometedora. Encantado de leerte, Carla Guerra.
Un beso, Alex
Por cierto, me ha encantado la disertación de los puntos suspensivos, sin duda el más sugerente de todos los signos de puntuación.
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